Andrés Paredes

BROTE DE ESTACION (2016)

Los brotes de estación tienen la fuerza delas pulsiones de la Naturaleza.
Mostrado en La Onion Buenos Aires y en la muestra Ser Nacional del artista Marcos Lopes (artista Invitado) CCK Buenos Aires

150 X 150 X 20 CM

Temporal, mandalas y cajas de luz (2015 / 2017)

cajas de luz, contextos selváticos con mariposas y habitantes mutantes e híbridos, reflexiones sobre las posibilidades de cambio y redefinición.
MDF calado y papel calado a mano y pintado, mariposas disecadas (provenientes del Mariposario de la Cruz de SANTA ANA, una vez que finalizaron naturalmente su ciclo vital) exuvias de cigarra y alas de cigarra.

variables Instalacion

BARRO MEMORIOSO (2015 / 2017)

Centro Cultural Recoleta, Buenos Aires y CEC, Rosario
LA FIESTA DE UN ARQUEÓLOGO
Hace algunas décadas Foucault (1) opuso la arqueología a la historia –tal vez obsesionado con los problemas planteados por el inevitable Borges– que en La arqueología del saber deviene no solamente pensar la arqueología de las construcciones epistémicas sino que –de rebote– coloca un pensar como arqueología.
Por supuesto.
Foucault está pensando en el momento en que la modernidad está yendo hacia su post.
También el arte.
Encontrarse con su pasado (no como reelaboración radical). Cuando lo nuevo deja de ser categoría para la valoración de la “obra de arte”, el arte va a encontrar en la operación de visitar los caminos transitados la (paradójica, quizás) novedad del pasado.
Claro que visitar significa aquí ese trabajo de exploración, ese encuentro desde lugares que ponen en juego toda una historia de la “verdad de los hechos” desde el lugar de su actualización recordada, de una memoria que se hace aquí y ahora como recuerdo.
Una arqueología.
Los archivos de memoria no son materia coherente ni organizada según principios matemáticos claros ni según diseños orgánicos de funcionamiento.
La memoria juega –empieza a jugar (la percepción también)– con los “hechos” sabiendo que no son otra cosa que (Nietzche lo supo desde el vamos) actualización permanente de una construcción que obtiene su verdad no desde una supuesta objetividad sino desde su propia construcción subjetivo objetiva.
Los restos viven la vida de los muertos vivos y nos acompañan en los caminos que andamos.
No porque nos hayamos quedado sin futuro. El futuro es posible, sólo que no puede serlo sin la horda de zombies que viven en él.
Andrés Paredes sabe que esta contemporaneidad lo implica y lo involucra.
Por lo tanto.
Sabe que –en algún lugar– esa posibilidad de hacer arte en la contemporaneidad lo compromete con su biografía. En tanto “su” biografía (lo auto de la biografía) no le pertenece de manera unívoca, sino que conlleva la construcción colectiva constitutiva de toda arqueología.
Y más aun cuando la arqueología se cruza inevitablemente con la genealogía. No sólo la de una experimentación con el propio campo que lo lleva a lugares en que la genealogía se hace inevitable sino desde la acepción que lleva a ese término al espacio de la formación familiar (con todo lo que pueda significar un término como este).
El barro.
Material a primera vista sin memoria –que se desintegra fácil y rápidamente– deviene en el depositario privilegiado de capas de memorias que se mezclan y se cruzan en la tierra con agua que las construye en el acto mismo de recordarlas.
Archivo sin catálogo de un mundo que emerge pasado en el momento en que el barro lo presentifica, en esa representación que nos lleva a otro tiempo sin dejar de estar ahora, aquí: viaje en el tiempo sin salirnos del presente, con la única máquina del tiempo que es este dispositivo en que el barro nos transporta plácidamente hacia otros mundos que desde el pasado vienen para hacernos saber que no se habían ido, que estaban allí, siempre y cuando alguien lograra dar forma a ese barro que –a partir de ese gesto y sólo a partir de él– los contenía.
Por supuesto.
No es la puesta en escena de un mundo pasado, no se trata de mostrarnos dinosaurios (de paso, Paredes no nos muestra dinosaurios) “como si” estuvieran aquí moviéndose en su hábitat (no es un museo de ciencias o una película que apuesta a que creamos estar ahí) sino una posible escena contemporánea de algo que ocurrió hace tanto como queramos, los restos como escritura que nos escribe desde la escritura de nuestra posibilidad de memoria.
Meterse en la escena (que aquí es literal, en tanto para ver qué ocurre en el interior de este paisaje espectral, residual, hay que meterse) no significa creer estar allí (no hay mímesis en este mundo que – sin embargo– se construye con elementos miméticos) sino saber que viene de otro lado y –a pesar o justamente por eso– desde un lugar tan interno como externo: la memoria.
Doblemente en este caso.
Porque de lo que se trata es de que –en algún momento– lo que recordamos es la mezcla (el barro) de una memoria (la que pretendemos creer que es propia) con otra (que nos gustaría decir –aunque sabemos que, en definitiva, no estamos seguros– que es la del autor, un tal Andrés Paredes).
Es la fiesta de un arqueólogo.
Cosa que no podría ocurrir (seguramente) si esa arqueología no fuera –en el mismo momento de producirse– arte.
(1)Por supuesto no estaba solo y, además, tenía a sus espaldas algunos insignes pensadores anómalos de una historia anómala como Warburg y Benjamin, pero, sobre todo, a Nietzche.
Roberto Echen
Rosario, enero de 2015

curador: Roberto Echen - Musica Original Marissa Gonzalez

variables Instalacion

LAS MARIPOSAS DEL CAMBIO (2015)

Como un sismógrafo del terreno social, político y cultural, el artista percibe el nerviosismo urbano y las voces de quienes demandan cambio o transformaciones. Por un lado, el cambio se vislumbra imprescindible frente a la violencia del mundo y la metamorfosis de un planeta amenazado, cuando una noche eterna se adivina en un futuro no muy lejano. Pero, por otro lado, la instalación es una referencia directa al rumor de los improvisados agentes que han invadido la calle y ofrecen “cambio” de moneda extranjera. Paredes relata el fenómeno: “Los ‘arbolitos’ ofrecen cambio. Ellos mismos nos invitan a cambiar. Dicen: ‘Cambio cambio, ¿quiere cambiar?’”. Crece con estas palabras la capacidad narrativa de la obra que, con su presencia rígida y tridimensional -las alas desplegadas que miden varios metros-, aspira a salir de sí misma. Paredes concluye: “Las mariposas son metáfora de nuestras propias posibilidades de cambiar. Camuflada en cada ala, la palabra “cambio” alude al proceso vital de la mariposa. En Florida están las especies nativas de Buenos Aires, respeté su morfología externa y la relación de tamaños entre sí”.

MIGRANTES / RECUERDOS DE LA TIERRA SIN MAL (2014/ 2015)

Migrantes
La condición de migrante es propia de los seres vivos, implica desplazamiento y una toma de decisión que contiene el anhelo de un cambio para la continuación de la vida.
La posibilidad de cambio, a su vez lleva consigo premisas tales como elección, adaptación, asimilación o transformación, entendidas todas como formas de transitar hacia un posible distinto.
En forma individual o colectiva este proceso de cambio es uno de los temas que Andrés Paredes desarrolla en sus últimas obras presentadas en las exposiciones Gurí en Buenos Aires, y Exuvia en Posadas. En ellas recurre, a través de una visión personalísima, a la naturaleza y fija su mirada en insectos – mariposas, libélulas y chicharras - en los que asienta su metáfora sobre migración y transformación.
En esta muestra propone un acercamiento poético a una experiencia de vida colectiva propia de nuestra zona. Teje mediante sensaciones visuales y auditivas diferentes momentos de un mismo espacio natural que fue transformador y transformado. Evoca la experiencia vital de una naturaleza en estado virginal y su paulatina transformación en tierra pródiga para el cultivo.
A su vez, el artista establece un diálogo entre su obra y la de Bárbara Kiener, la profesora que le enseñó la técnica del Scherenschnitt o papel cortado. Este diálogo deja en evidencia que de una misma técnica pueden resultar diferentes visiones de un mismo contexto.
En Bárbara, esta tradición cultural le permitió traducir, comprender, asimilar una forma de vida propia de esta región. Para Andrés, sin embargo, esta técnica tradicional en Alemania y Suiza, significó la posibilidad de crear su propio lenguaje visual cuando la expandió hacia la tercera dimensión y la traspuso a otros materiales. Convirtiéndolo en una forma singular de presentar la espesura y la trama del entorno natural; resultado de una vivencia internalizada desde la infancia.
Un lenguaje propio y obras que evocan la experiencia vital cotidiana y la pasada; son el producto de un sinnúmero de capas de sentido que van construyendo una memoria. La de aquellos que alguna vez tuvieron la determinación de migrar.
Alicia Menises

CURADORA: Alicia Menises
INVITADOS: Barbara Kiener (scherenitte)Marissa Gonzalez Leo Rojas (musica original)
Fotografía e ilumincacion: Marcelo Lomuto, Diseño: Nicolas Zadorozne
Registro: Luca Da Cruz (Integro Productora audiovisual)

MUSEO FAYD Oberá Misiones / PABELLON DE BELLAS ARTES UCA Puerto Madero Buenos Aires

EXUVIA (2013/2014)

Todo ser humano es capaz de experimentar un sentimiento estético ante una obra, pero dicho sentimiento no puede bloquear el descubrimiento de otras realidades que se esconden detrás de esos elementos formales que han hecho posible tal experimentación.
En la obra de Andrés Paredes la redescripción de la realidad natural a través de sus entramados laberínticos de vegetación y de sus “bichos” sobredimensionados se constituye en un vehículo de expresión y reflexión sobre la posibilidad de otros modos de existencia.
En esta exposición, el artista, propone un tiempo de contemplación y descubrimiento, coloca ante nuestros ojos y nos hace visible el transito hacia una nueva conciencia formal, espiritual, social basada en el deseo de redefinición al que todo ser humano puede aspirar.
En la elección deliberada de mariposas, chicharras y libélulas, Andrés asienta su gran metáfora sobre la probabilidad del cambio, entendido como transformación hacia un posible distinto, nuevo, renovado.
Estos insectos, luego de pasar por un proceso de crecimiento y diferenciación, mudan de piel o exoesqueleto. Por eso adquieren dentro de la obra una dimensión simbólica amplificada, en la certeza de que este proceso permite a ese ser vivo continuar su crecimiento y desarrollo vital.
En Exuvia, la piel abandonada se vuelve testimonio, constatación de que algo ha ocurrido, en él.

Curadoría: Alicia Menises
Musica original PIREPÚ: por Marissa Gonzalez y Leo Rojas
Fotografía e iluminacion: Marcelo Lomuto

GURI (2013)

Gabinete de curiosidades
por Daniel Molina diario perfil (2013)
Los dioses –se lee en La Ilíada– les dan a los hombres tragedias y alegrías para que los poetas tengan temas para sus obras. El más antiguo poema de Occidente nos dice que los dramas y triunfos de la vida forman parte de la puesta en escena de una ficción absurda, en la que a veces somos protagonistas, pero en la que, por lo general, funcionamos como uno de esos extras que cruzan el escenario sin abrir la boca. El arte es posible porque el mundo es imposible. La vida es un mero transcurrir burocrático: sólo los artistas le dan sentido. Rousseau decía que hasta los cinco años todos los niños eran artistas: en su aprendizaje del mundo, cada pequeño imagina una realidad mucho más fascinante que la que predomina en el sentido común de los adultos, cuando la domesticación ha logrado matar al poeta que cada persona tenía dentro de sí al nacer. Andrés Paredes (Apóstoles, Misiones, 1979) sigue siendo un niño poeta: en su muestra Gurí (americanismo que proviene del guaraní ngiri, y que significa “niño”) comprobamos que el mundo que él ve (el mundo que logra hacer visible para nosotros) es una invención sistemática que entrelaza ciencia, juego e imaginación.
Paredes nació en una enorme casa que, a la vez, era la clínica de su padre médico. Respiró por primera vez en una de las salas de parto que había en la que sería su casa. Además de salas de espera, máquinas de rayos X y quirófanos; además, de dormitorios, una cocina y un living, en esa casa había un ilimitado jardín, repleto de plantas tropicales. Repleto de vida tropical: mariposas, chicharras, pequeños reptiles, arañas. Un mundo aún más maravilloso que el que poblaba las salas de la clínica paterna. En el consultorio de su padre descubrió un microscopio que le permitió tender un puente entre los dos mundos: la rigurosidad racional de la ciencia y el desvarío barroco de la exuberante naturaleza. Dos mundos que convivían en la misma casa: unos pocos metros separaban la sala médica del batir de alas de las mariposas.
En Gurí, Paredes presenta (entre muchas otras obras) dos reconstrucciones del gabinete médico de su padre en diálogo con la naturaleza vegetal y animal que lo acosaba. Por un lado, una gran fotografía, Recuerdo de los dos mundos, muestra el montaje que el artista realizó en su taller de Misiones. Por el otro, en una instalación se recuerda ese diálogo entre los dos mundos de una manera que es, a la vez, más intensa y más distante. En ambas rememoraciones conviven los elementos naturales, los instrumentos científicos y los objetos ficcionales con los que el artista crea un mundo nuevo. Este nuevo mundo ya no es el de su infancia sino un homenaje (siempre distorsionado: es decir, auténticamente personal) a lo que desea hoy que haya sido su pasado.
Paredes es un artesano genial: un maestro del calado. En sus obras sobre papel lleva esa maestría al nivel de detalle y cuidado que se puede ver en las obras más exquisitas que realizan las mejores bordadoras de ñandutí; y no es menos sofisticado su calado sobre MDF, resina y otros materiales con los que realiza sus esculturas. Gurí está poblada de ecos vegetales (como se puede ver en El coquero o Crecimiento) y de gigantes esqueletos de libélulas, chicharras y otros otros insectos (Ninfas, Hospedero con crisálida, Salir de la tierra o Anisópteros en enramadas). No es casual que los insectos que pueblan la selva rememorada en Gurí sean aquellos que, como las mariposas o las chicharras, pasan por un estado larvario.
Toda la muestra de Paredes está bajo el signo de lo trans: el puente entre dos mundos. Entre la infancia y la vida adulta, entre el recuerdo y lo presente, entre la larva y el insecto plenamente desarrollado. De alguna manera se trata del pasaje entre el deseo y su imposible realización. Aunque lo que veamos son insectos, plantas, consultorios médicos, recreaciones que insisten en lo biográfico y en la memoria, lo que tenemos delante nuestro es un mapa de lo que el arte es: la tensión entre lo que creemos saber y la maravilla de animarnos a ver lo que no sabemos. Es un mapa del descubrimiento en el momento en que el develamiento se produce. Como cuando, siendo niños, imaginábamos que estábamos refundando el mundo y así le dábamos sentido.

UN AÑO ABAJO DE LA TIERRA (2012)

realizada en Epoxi pintado, serie de 3 esculturas, las obras se complementan con un sistema de instalación sonora

150m x 50 x 30

VUELO (2011)

Una libélula gigante, flotando en el aire, en el espacio que conecta dos pisos de Proa. Sobre este hueco bañado en luz natural, se ve la migración del gigantesco animal hacia el río: la libélula vuela y se proyecta. Un diálogo entre lo mínimo y lo barroco, la selva y la ciudad. Una obra realizada en lona vinílica calada, obtenida del residuo de las gigantografías.
Dice el diccionario sobre la libélula: “Su hábitat natural se encuentra en las cercanías de lagos, charcos, ríos y tierras pantanosas, ya que sus ninfas son acuáticas. Las libélulas no pican a los seres humanos, y son valiosas como depredadores controlando las poblaciones de insectos como los mosquitos y las moscas”.

Medidas variables

ORQUIDEA ETERNA (2012)

es una intervención escultórica la obra representa a una planta en constante floración.
Consta de seis pétalos donde en cada uno de ellos se funden los patrones de la selva Paranaense de Misiones con la síntesis de veinte orquídeas nativas.
Los pétalos fueron ubicados a distintas alturas significando los
estratos de la selva donde crecen la mayoría de las especies epifitas.
El conjunto se percibe como una orquídea gigante que permite que los
visitantes la recorran en su totalidad y descubran las flores
escondidas en la trama de metal calado.
La escultura, que permanecerá estable en el Parque Vortisch fue
donada al Parque en ocasión de las 22ª Fiesta Nacional de la Orquídea

5 X 4 m

PULSIONES (2012)

Muestra realizada en el Centro Cultural Delavy de Apostoles Misiones y en el Centro del Conocimiento Posadas, en los meses de Junio, Julio y Agosto de 2012

variables

Mariposa Oscura (2011)

ANTES DE QUE LLEGUE LA NOCHE
Por Ana Martínez Quijano
(texto catalogo Bienal del fin del mundo 2011)
“No del todo perdido será el hombre y salvarse podrá si lo quisiere”. J. Milton
El paraíso perdido. Con su poderoso imaginario, los artistas bucean en el fondo de las cosas, afrontan la mar de vicisitudes para alcanzar un objetivo por lo general incierto, para superar la falta de certezas, los sentimientos consubstanciados al permanente e inevitable afán de recorrer caminos inexplorados. Por estas razones hay obras que nos permiten descubrir el universo desde perspectivas insospechadas. Amanece en una nueva centuria y el arte de Andrés Paredes palpita con las mismas pulsiones de la naturaleza. Su obra ha llegado al territorio del hielo y se propaga al mismo ritmo que las selvas donde nació. Los enjambres de luces y sombras conforman una figura prodigiosa, Paredes gesta su producción en el umbral del realismo, y sus obras despiertan evocaciones imprecisas. Una inmensa mariposa oscura se mimetiza con los colores de un desolado galpón, un hangar del extremo Sur argentino. Sus alas flotan como un mal presagio en las tinieblas de un mundo cambiante que se autodestruye. Las líneas que dibujan las alas, fluyen sin pausa y adquieren una dimensión oceánica, como si el sentido de la obra cobrara fuerza a través del exceso ornamental de esas ondulaciones. Luego, la filigrana que proyecta la sombra, es una rareza: confirma una presencia que se vuelve extraña lejos del origen: una tierra bañada por el sol. La mariposa se mece, como si se preparara para volar. No sabe cómo llegó hasta allí ni cuál será la trayectoria de su vuelo y, sin embargo, su instinto aviva la memoria. Los recuerdos de un pasado ya remoto, en unas comarcas exuberantes con la tierra color rojo, despiertan las viejas sensaciones provocadas por un bosque húmedo donde bulle la vida y hay flores y perfumes que avivan los sentidos. Allí crece y anida la imaginación de nuestro artista: allí debe volver. Un impulso atávico determina la urgencia de retornar a ese lugar legendario, aunque hoy también degradado. La mariposa negra cruzó en su extenso viaje los campos donde crecen los asfódelos, un espacio gris y brumoso con ramas inclinadas hacia el suelo. De acuerdo a la mitología, los espíritus que no son juzgados como bondadosos ni como malvados vagarán por siempre en los campos estigios; los malos deberán partir hacia al lugar de las penas y la condenación eterna, y tan sólo los buenos llegarán a los campos Elíseos, el lugar apacible de los héroes, donde los espíritus viven en felicidad. En la noche eterna que ya se adivina, el arte explora los caminos que podrían conducirnos hasta los paisajes intocados. Así, mientras el mundo asiste a la metamorfosis del planeta, nuestro artista diseña un dispositivo poético: una mariposa que todavía presiente cuál es la senda que la guiará al Paraíso.

PENETRAR LO IMPENETRABLE (2011)

Intervención realizada en Posadas misiones, lona calada y pintada + espejo

10 m x 2,50 m

IMPAR (2009)

Muestra realizada en la Galeria Palatina Buenos Aires

variables

40 DIAS (2007)

Papel calado y Pintado, Palais de Glace, CC Borges, y Museo Juan Yaparí Misiones (colección Tedesco)

3 X 3 m

PULMONCITO (2006/2007)

Intervencion en la galeria del Poste del Centro cultural Rojas, Buenos Aires.

2,75 X 0,45 X 0,45 m

PEDAZOS DE SELVA (2005)

la idea parte de llevar a un museo la densidad de la selva, como una barrera impenetrable, 4 x 4 pedazos de selva son torres combinadas enlazadas que impedian el paso de los visitantes y obligan el desvio. Chandon Cultural 2005, museo >Timoteo Navarro (Tucuman)

183 X 40 X 40 CUATRO UNIDADES

BELLEZA ALTERADA (2005)

Galería Agalma curada por Ana Martinez Quijano, Buenos Aires

variables

ENRAMADAS (2004 / 2007)

4 caras conectadas transmiten la sensación envolvente de la selva, troncos huecos.

variables

PAPELES (2003/2007)

Papeles calados y pintados, dibujos organicos, explorando la linea como conductora del dibujo.

mediadas variables

PAPEL VALOR (2002)

Papel valor intenta recuperar el valor añadido a los papeles, que por un corto plazo tuvieron. transformándolos nuevamente en papeles valorados