Biografía
Nazco el 1 de septiembre de 1973 en Olivos, después me voy a vivir a Punta Alta. Ahí termino la secundaria y descubro que hay una escuela de artes en Bahía Blanca. Me enamoro del arte y dejo el paddle y el tenis definitivamente. Pasan muchos años hasta volver a usar zapatillas.
Vivo en la escuela, hasta me quedo a la noche a estudiar Diseño Gráfico. Y si no estoy ahí estoy a dos cuadras, en el M.A.C. haciendo algo. Mis primeras muestras son en 1993 con amigas de la escuela.
En 1994 conozco a Tulio de Sagastizabal, y por primera vez, me encuentro en esa extraña situación de hablar de arte. En 1997 me escapo los fines de semana a los talleres de extensión de La Cárcova con Tulio y Pablo Suarez. “Qué hacés pintando cubeteras? No me estás contando lo que te está pasando”. Los dos me hacen feliz.
Me llaman, viajo y me quedo en Buenos Aires. Participo del Programa de becas de Guillermo Kuitca en el Borges. Amo a mis vecinos artistas, todos mis amigos son artistas. ¿Cómo contar mis primeros 5 años en Buenos Aires? Un sueño bello de Lynch.
En 1998 Magdalena Jitrik y Fabián Burgos me invitan a su casa a mostrar en 3 paredes. Había más gente que en cualquier otra muestra que había visitado hasta ese momento. El día de la inauguración conozco a Fernanda Laguna y compro¨Triste”. Todo es una señal. Belleza y felicidad aparece en mi vida a una cuadra y media de casa, la visito. Fernanda me invita a mostrar para el 2000 donde realizo un mural en toda la pared. En 2001 vuelvo a exponer en Byf con “He venido para decirte que me voy”, mi muestra más melancólica.
Adoro un día que entra Cecile Belmont por la puerta de la beca Kuitca, pregunta si puede entrar, nadie le dice “no”. Nos hacemos amigas al instante. Comenzamos a divertirnos imprimiendo cosas con serigrafía junto Ariadna Pastorini. En 2000 salimos a la calle de noche a pintar paredes. Nos despedimos en una muestra en Bahía Blanca y después ella se va a algún otro país. Realizo unas impresiones para la muestra de Magdalena Jitrik en la FLA. En 2002 creamos con ella y Diego Posadas el Taller Popular de Serigrafía (T.P.S.). Tocamos un modo de vivir diferente. Lo vivimos. Imprimimos en la calle, nos manifestamos de mil maneras. TPS se expande hasta lo impensado, muestra en Belleza y felicidad en 2002; Grissinópoli y plaza Brukman, en 2003; Bombay y Medellín en 2004; Kassel, en 2005; Farsites, San Diego en 2005; 27 Bienal de San Pablo en 2006 y II Bienal de Moscú en 2007…
En 2003 viajo a Francia para una residencia coordinada por el Centro Regional de Arte Contemporáneo (19) de Montbeliard, y a los meses a Mali, África, para participar de un taller coordinado por RAIN y Trama.
En 2005 curo y participo de la muestra “Imaginación”, en Periférica con mis alumnos del Instituto Blanquerna de Morón junto a Joglar, Bohtlingk y Biagini. Una muestra que concentra 9 años de trabajo realizado en el taller de arte. También, ese año, presento mi tercer muestra individual en Byf “Scafati, un cuadro”, esta vez como un impacto pos-T.P.S. y Africa. Es un momento de todo o nada con la pintura.
En 2006 viajo.
2007 de mutación, se presenta liberador y doloroso. Verdadero, hasta no poder soportarlo más. Instalo el taller de serigrafía en Byf.
Imposible no vincular la serigrafía al festejo y al encuentro con amigos. Muestro “Sin maneras” con Ariel Guatta, una revisita a mis primeros sueños pictóricos. Viajamos a Río de Janeiro, al M.A.C. de Niteroi, para la muestra “Oro Sentimental”, que también parece un volver atrás para después seguir.
Visión del arte
1. Elija una obra que lo/la represente, descríbala haciendo referencia a su formato y materialidad, su relación con el tiempo y el espacio, su estilo y su temática; detalle su proceso de producción
“Scafati, un cuadro” es un compacto de muchas pinturas, un extremo en relación a las pequeñas pinturas que venía realizando durante 2004 y 2005. Pinturas que están construidas con una tela frontal y cuatro laterales, que hacen referencia a un recurso auxiliar de pintor, el de agregarle más tela a una pintura para poder tensarla en un bastidor. Creo que este tipo de acciones empecinadas y amorosas son las que me impulsan a pintar. Siempre las mostré sin bastidor, como pinturas desplegadas, expuestas frontalmente, donde los laterales terminan transformándose, de prometedor canto a marco.
“Scafati, un cuadro” exagera las posibilidades de esos bordes. Cocí desde el centro hasta encontrar más borde que pintura central. Quise escribir mi nombre con diferentes tipografías, verlo repetido, espejado, completo, fraccionado (la ilusión que el cuadro sigue en otro lado).
Cada vez que veo este cuadro se me cruzan Jitrik, Garófalo, Jacoby y África.
2. En líneas generales, ¿cuál sería la forma en que sugeriría leer su obra?
Puedo presentar una obra sola, otras veces puede ser una pieza más entre una cantidad de piezas o una pieza clave que me sirve para unir o sumar ideas. Cada vez más frecuente el acercamiento a mi pintura es lateral, con un fuerte anhelo a enfrentarla. Una larga historia de amor.
Una de las formas de acercarse a mi obra sería dejarse perder. El recorrido será siempre distinto; como también sugeriría que no me conozcan, que me sigan, que me critiquen, que crean que soy capaz de hacer cualquier cosa.
3. En relación a su obra y su posición en el campo artístico nacional e internacional, ¿en qué tradición se reconoce? ¿Cuáles serían sus referentes contemporáneos? ¿Qué artistas le interesan de las generaciones anteriores y posteriores?
Me reconozco en las miradas que aceptan su propia transformación, que van al ritmo de su vidas y muertes. Artistas que me influyen con su estar, su obra, sus ideas, su humor, sus deseos o llamadas por teléfono. Artistas cercanos como Ariadna Pastorini, Pablo Suárez, Alejandra Seeber, José Garófalo, Diego Posadas, Román Vitali, Magdalena Jitrik, Pablo Rosales, Oscar Masotta, Alfredo Prior, Fernanda Laguna, Ariel Guatta, Alfredo Londaibere, Marina de Caro, Diego Bianchi, Sergio De Loof, Tulio de Sagastizábal, Alberto Greco, Sergio Avello, Fabián Burgos.
4. Pensando en los últimos diez o quince años elija obras o muestras a su criterio fuertemente significativas de otros artistas de Argentina y explique por qué.
Impacta la cantidad de muestras buenas. Los nombres, las fechas, las galerías salen de las paredes de casa. Papelitos, fotos, afiches, catálogos, invitaciones siguen dando vueltas. Tengo una invitación a la muestra de Gumier Maier en la sala pequeña de Braga Menéndez. La tarjeta no cuenta lo que vi ahí, no importa, la tengo igual. Fue un feliz regreso a lo esencial, crudo, frágil y sin desperdicios. Tendría todas las pinturas y ropas que Jesús Romero mostró en Belleza y felicidad en 2005, en “Mensajero de lo incomunicable”. Colmó el espacio de una luz fantástica. El cuerpo pedía transformarse al mundo ofrecido por él. Otras formas.
Qué linda muestra fue la de Eguía, García Saenz y Passolini en el Fondo Nacional de las Artes en 2003! Cuando la recorrí pensé en qué felices pueden ser las muestras colectivas.
No me acuerdo cómo llegué al C. C. Recoleta, me acuerdo que en las salas de adelante vi los “Últimos sueños” de María Guerrieri, con personas sospechosas, extrañas, hechas de trazos muy poco usuales y miradas perturbadoras. No sé por qué ella sonreía y yo también. Era 2005. Su primera muestra. Al año, cerca de esa sala, mostró Lola Goldstein “Médanos”. 2006 le entregó lo cosechado, un mundo de seres amados. También veo esta respuesta agradable del tiempo en Gastón Pérsico con “Heavy Mental”en ArteBA, y Pablo Rosales con “Ejercicio Plástico” en Jardines de Mayo. Por qué? Los tres nos hacen parte, nos contagian la fortaleza del paso lento. El creer.
Desde 1996, todo Daniel Joglar, la belleza en el desplazamiento y el silencio.
Pienso en “Ensayo de un museo libertario” en la F.L.A. (2000), de Magdalena Jitrik, como una muestra que irradió para muchos lados. Un movimiento enorme que cambió mi cotidiano.
Nos sentimos autoconvocados cada vez que Sergio De Loof planea algo. Es el eterno crítico necesario de los últimos tiempos. Inolvidable la muestra “Incurable” de 2002 en Byf, con retratos maliciosos de primerizos y generosos óleos. Es capaz de todo.
Elijo la última muestra de Marina de Caro en Asga, “Tragedia griega”. Seguro una de las más tristes y misteriosas. Me sorprendió escuchar el relato de una nueva historia. Infinitas imágenes que siguen apareciendo. Entre las cabezas de de Caro el pomposo y atacado “Living rum” de Alejandra Seeber, en Dabbah Torrejón en 2002. Un estallido de pintura fenomenal.
Están acá la “Pintura existencial” de Tulio de Sagastizábal (2001); las historias, pinturas y móviles de Fernanda Laguna; “Las Ramonas”, del Taller La Estampa de Ezeiza, “¿Quién mató a quién? (1997) y “Cuesta abajo” (2003) de Sebastián Gordín; “Daños”, el huracán de Diego Bianchi en Byf (2005), mortal; “Darkroom” de Roberto Jacoby; Sergio Avello en el Fondo Nacional de las Artes(2003); Román Vitali en el Museo Castagnino de Rosario (2000)…