Sobre la visualización dinámica de la red de Bola de Nieve

La comunidad virtual de artistas de Bola de Nieve tiene una dinámica muy particular: Su crecimiento es impulsado por los nombres que mencionan los artistas que ya participan en ella, sin curadores ni tipo alguno de dirección central. La lista de artistas favoritos de cada participante torna visible una estructura que organiza de manera implícita el campo artístico argentino en el mundo real: la red de influencias, filiaciones, amistades e identificaciones que determina el lugar de cada creador en relación a los demás.

Esta información ya disponible en el sistema de Bola de Nieve representaba una oportunidad única para avanzar en la representación de la red más allá de las listas de mencionadores y mencionados que acompañan a cada perfil. Esa oportunidad era también un desafío, porque se trataba de un cuerpo de información grande y complejo que había que representar de la forma más práctica y clara posible. Por ejemplo, ya al momento de iniciar el trabajo, la cantidad de nombres en la comunidad excedía con mucho lo que puede contener razonablemente el espacio de una pantalla.

Por lo tanto, la primera decisión que se impuso fue la renuncia a representar toda la red de una vez. En lugar de eso, el navegador de la red que desarrollamos ofrece siempre una perspectiva: es decir, los vínculos que se despliegan a partir de un nombre determinado. En el caso de la página de entrada del sitio, es un nombre elegido al azar cada vez que se accede a ella. Pero también es posible ver la red de un artista específico siguiendo el enlace asociado a cada nombre.

Esta perspectiva pone el nombre del artista enfocado en el centro, y organiza alrededor de él a aquellos que mencionó y a aquellos que lo mencionaron – pero también a los artistas vinculados a éstos, de manera que es posible ver la conexiones que emergen, no sólo entre aquellos directamente vinculados con el artista enfocado, sino en su red de influencia hasta el segundo grado.

Navegando el espacio de afinidades

Cuando la visualización se carga, los nombres se ubican al azar, pero inmediatamente se desplazan en busca de su lugar natural, acercándose a sus relaciones. A veces esto permite discernir ‘agrupaciones’ o ‘barrios’ de personas fuertemente conectadas entre sí, y menos con el resto.

Hacer clic en cualquier nodo lo convierte en el centro de la red y despliega sus relaciones correspondientes. Esto permite ‘navegar’ la red, siguiendo alguna de las infinitas rutas que trazan los vínculos y recorriendo sus distintas regiones y circuitos.

También es posible filtrar el tipo de vínculos que se muestra, para dejar en pantalla sólo a los que mencionaron al artista enfocado (y a los mencionadores de los mencionadores), o bien sólo a los mencionados por él (y a los mencionados de los mencionados). Son formas diferentes de ver la misma red. El primer filtro destaca los nombres de aquellos que consideran al artista central como uno de sus favoritos. El segundo concentra la atención en aquellos que el artista central elige como sus preferidos.

El tamaño de cada nombre en la pantalla es una función de dos factores: el grado de relación de ese nodo con el que ocupa el centro (relación directa o de segundo grado), y cantidad de menciones con que cuenta ese artista. Es decir que la cantidad de veces que un artista ha sido designado como favorito por otros se toma como una medida de importancia relativa y se representa con un tamaño mayor en la visualización. Para que aún los nombres más pequeños puedan leerse, todos se agrandan al dejar el puntero del mouse sobre ellos un momento.

Aún con la limitación de mostrar solamente perspectivas parciales de la red, los artistas más vinculados pueden traer a la pantalla una cantidad enorme de nombres. Eso significa que en apenas dos pasos se puede alcanzar desde ese nodo una gran porción de la red. Para evitar la congestión visual en estos casos, tuvimos que imponer un límite artificial a la cantidad de relaciones que se muestran. Por ende, nunca hay más de 40 nodos en pantalla, que son los 40 nombres más ‘importantes’ de acuerdo al criterio explicado en el párrafo anterior. Esto siempre es suficiente para mostrar todas las relaciones de primer grado de un artista, y una cantidad relevante de las de segundo grado.

Cómo se mueve la red

Desde un punto de vista más técnico, podemos concebir a cada nombre en la pantalla como un agente autónomo, que se mueve sin una dirección central, llevado por un conjunto de reglas internas muy simples para encontrar su posición en la red. Las fuerzas que actúan son tres:

  • Una repulsión generalizada, que hace que cada nombre busque un espacio despejado proporcional a su tamaño y evita las superposiciones.
  • Una atracción de cada nombre por aquellos con los que está relacionado, que organiza la red en zonas de afinidad y ‘desanuda’ el embrollo de vínculos para que la estructura subyacente aparezca con la mayor claridad posible.
  • Una fuerza de repulsión en los bordes que mantiene a los nombres dentro de la pantalla.

La organización óptima de cada perspectiva de la red (la que ofrezca en total los vínculos más cortos) es un problema que no tiene una solución computable. Lo que vemos en cada caso es una aproximación, a saber, el resultado emergente de las acciones autónomas de cada nodo, que busca lo mejor para sí mismo – pero, una vez más, no hay ninguna ‘dirección central’ que organice la totalidad de lo que se ve. Con frecuencia, pasar el puntero del mouse y cambiar momentáneamente el tamaño de un nombre basta para producir un reacomodamiento que desanuda un poco más el ovillo.

Aún cuando la red encuentra un punto de equilibrio y se queda ‘quieta’, se trata siempre de un equilibrio inestable y provisorio, resultante de una dinámica de tensiones que puede alterarse con cualquier acción mínima del usuario.

La estructura de la bola

Antes de que el desarrollo de la visualización estuviera terminado, imaginábamos que con ella íbamos por fin a ver explícitamente una organización que suponíamos que existía en Bola de Nieve: a saber, una distribución de los artistas en grupos o ‘barrios’ de afinidad débilmente conectados entre sí. Creíamos que la red iba a mostrar con claridad las brechas estéticas, geográficas o generacionales que atraviesan a la producción artística en Argentina.

Pero no fue así. En lugar de eso nos encontramos con una red ‘embrollada’, sumamente interconectada, donde la aparición de grupos relativamente aislados es escasa y débil. Observamos el surgimiento de un grupo reducido de nodos ‘centrales’, fuertemente conectados (ya que fueron elegidos como favoritos por muchos otros), a los que se puede acceder desde casi cualquier punto de la red en no más de dos o tres pasos.

Eso implica que, por medio de ellos, es posible llegar desde cualquier nodo a cualquier otro en una cantidad de pasos muy reducida. Se trata de una red con un grado de conectividad muy alto. En lugar de encontrar la red ‘distribuida’ que imaginábamos, repartida en varios barrios, encontramos una red ‘centralizada’, con un núcleo y una periferia que le darían más bien el aspecto de una mancha muy densa en el medio que se va disolviendo hacia los bordes.

Recién en las zonas periféricas de la red, en el dominio de los nombres (aún) poco vinculados, vemos aparecer pequeñas regiones de ‘amigos’ que guardan poca relación con el exterior.

Este tipo de estructura sitúa a nuestra red en el dominio de las llamadas ‘redes libres de escala’ (‘scale-free networks’), junto a la Internet, el tráfico aéreo, las interacciones de proteínas en la célula y un sinnúmero de otros ejemplos naturales y artificiales. En todos ellos un número reducido de nodos muy conectados (los ‘plexos’ o ‘hubs’) mantienen unida a una multiplicidad de nodos con pocas conexiones.

Aquí hay lugar para muchas consideraciones sobre, por ejemplo, la ambigüedad del concepto de ‘artista preferido’, y la diferencia de intención entre los que mencionan a sus amigos y los que eligen a referentes ya establecidos y validados. Pero, desde un punto de vista puramente formal, nos encontramos con una topología típica de casi todas las redes humanas. No debería habernos sorprendido...

Leonardo Solaas